Por Sabrina Serer
El peronismo construyó buena parte de la infraestructura institucional del Estado argentino. Hospitales, universidades, derechos laborales: hay un legado concreto e innegable. La pregunta que me hago —sin partidismo, desde la gestión— es si ese movimiento puede renovar sus herramientas de gobierno para los desafíos del siglo XXI.
Del relato a los resultados
Gobernar con relato no alcanza. Las ciudadanías contemporáneas demandan evidencia: ¿cuántos pibes salieron de la pobreza? ¿cuántos hospitales se construyeron y cuántos pacientes atienden? ¿cuánto mejoró la calidad educativa? El relato puede movilizar, pero los resultados son los que construyen legitimidad duradera.
Un peronismo orientado a resultados —que use el MGI o cualquier otro modelo de gestión basado en evidencia— podría ser una fuerza transformadora genuina. Eso requiere honestidad intelectual sobre las propias limitaciones y apertura a aprender de experiencias de gestión exitosas, vengan de donde vengan.